Conflicto de intereses

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Conflicto de intereses, formas en conflicto.

Por Miguel Flores C.

 

Darío Escobar (Guatemala, 1971) es uno de los artistas centroamericanos destacados, con indiscutible presencia en el escenario de las artes visuales desde hace una década, que lo convierte en un referente del istmo. Prueba de ello el interés de varios museos por exponer su obra, al igual que prestigiosas galerías de arte. El resultado es que numerosas creaciones suyas formen parte de importantes colecciones de arte contemporáneo privadas o corporativas como el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, Daros o Jumex. La crítica especializada ha deshilvanado, en prestigiosas revistas y foros, los diferentes discursos que contiene su obra, lo que ha llevado a establecer diferentes tesis de interpretación sobre su propuesta estética.

 

Una visión panorámica en la obra de Escobar, hace evidente su inicio con ensamblajes y collages lo cual le valió en 1998 obtener el primer lugar en Bienal del Istmo Centroamericano. Años después concentra su producción al arte objeto que extiende en forma delirante, hasta la pieza, Quetzalcoatl I (2009), realizada mediante llantas de bicicleta, expuesta en la reciente Bienal de Venecia. Su propuesta estética sigue los principios básicos de la escultura: cortar, pegar, ensamblar, pintar. He ahí su autodefinición como escultor, algo que puede sorprender a más de uno, que se aferre a los principios modernistas de la piedra y el cincel.

 

El inicio y piedra angular de esta exposición que sintetiza toda la producción de Escobar, hasta este momento, y que como un eslabón mantiene unidos dos maneras de abordar lo escultórico y pictórico, lo constituye la obra Quetzalcoatl III (2009). Es un dibujo que flota en el espacio, transformándose en escultura, y al mismo tiempo, una escultura que se convierte ante nuestros ojos en dibujo. Esta pieza absorbe la esencia de las figuraciones contorsionadas de la cerámica clásica maya y del barroco colonial. Solo queda la línea desprovista de cualquier ornamento, mantiene la sinuosidad y jolgorio de la profusión de curvas y volutas, se reinventan las formas procedentes de una tradición cultural originaria y otra impuesta, dejándolas en un segundo plano para hacer evidente únicamente el goce formal.

 

En una sección de la galería, la producción de Escobar se confronta con los discursos de los siglos XVII, XVIII y XIX, procedentes de importantes colecciones privadas. Sus objetos son travestidos, sublimiza el desecho o objetos contemporáneos de escaso valor comercial haciéndolos estéticamente irresistibles, y adjudicándoles un nuevo valor. Su estrategia es apropiarse de colores, formas y procedimientos artísticos del arte colonial. El discurso del arte de los conquistadores es evidente, y fue absorbido como propio, que alude una nueva conquista cultural, ahora a través de las marcas y estilos de vida impuestos. Para sustentar su tesis utiliza vasos desechables, cajas de cereal, nuevos juguetes que llegan a seducir por su practicidad e inmediatez. O nuevos ritos, ahora juegos como el skateboard (las patinetas), el béisbol, ping pong o acampar, a los que les otorga un nuevo valor ya sea aplicándoles oro laminado o repujados de plata, lo que constituye una forma de ver el ademán pictórico. Además sacraliza irónicamente estos deportes de masas. Todos estas abras dialogan con hidalguía frente a sus referentes, obras consagradas de la Historia del Arte guatemalteco, con lo que equipara sus valores estéticos. El conflicto de intereses es entre las piezas coloniales y esos objetos travestidos, que al lucir fragmentos de los otros crean, por modesta que sea su procedencia, la misma nobleza e identidad propia. En ese enfrentamiento ambas colecciones muestran su dignidad y autenticidad. El resultado de este diálogo hace evidente que la condición de conquista continua inmanente, solo han cambiado los objetos y sujetos.

 

Otra área de la exposición presenta otra propuesta de formas escultóricas, que ya no se visten de oro o plata, sino que son registros de gestos de los objetos sobre una superficie, o en el espacio. Todos las piezas sobresalen por su valor simbólico. Son un ready made sin maquillaje de ningún tipo. Sus dibujos son rastros, donde se privilegia el accidente. Escobar también rebasa la tradición bidimensional al dar valor al ademán, como se observa en las manchas de tinta o aceite, o en sus cuarenta dibujos producto del doblez del papel, se dibuja con un recurso escultórico. Lo mismo sucede con otras piezas como el bumper procedente de un accidente automovilístico, pero donde se le restituye la estética del brillo, pero no la huella de la colisión. Todas estas piezas traslucen lo melancólico de su mirada, envolviéndolas en una sobriedad minimalista, gélida y hermética, pero dispuestas a emprender un diálogo con el observador. En esta sección el conflicto de intereses es entre las diferentes obras y las convicciones del observador.

 

Los materiales empleados por Escobar son factor trascendente en su producción, como un ilusionista los transustancia, el desecho de papel, metal o cartón se transforma en forma paradójica en un icono de opulencia. El plástico luce su auténtica belleza, propia del no desgaste. El aceite se transforma en recurso pictórico. El hule de la llanta de bicicleta se ennoblece, al resaltar su propiedades dúctiles, de flotar en el espacio o al adherirse a una superficie. El papel doblado exalta su propia dignidad de su sustancia.

 

En el arte actual, dice Nicolas Bourriaud, “sólo hay forma en el encuentro, en la relación dinámica que mantiene una propuesta artística con otras formaciones, artísticas o no. Cada obra en particular sería la propuesta para habitar un mundo en común y el trabajo de cada artista, un haz de relaciones con el mundo, que generaría a su vez otras relaciones, y así sucesivamente hasta el infinito.” Conflicto de intereses propicia ese encuentro, donde además se visualiza cómo un artista se sumerge en su tradición plástica para reinventarla y mostrar una visión renovada, que dialoga con diversos contextos geográficos. Un ejemplo de lo local que trasciende a lo global, a través del uso estratégico de las formas.

 

Guatemala, julio, 2009.